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martes, julio 02, 2013

La primera batalla en Candela

La Línea del Tiempo


La revolución constitucionalista ya estaba en la mayor parte del país en junio de 1913, la actividad bélica de las numerosas partidas revolucionarias amenazaban seriamente al gobierno huertista. 

El general Huerta celebró un consejo de ministros para discutir el problema militar, reunión en donde renunció el ministro de guerra, el general Mondragón, reemplazándolo el general Aureliano Blanquet. 

Era una seria preocupación para su gobierno los focos revolucionarios en la parte norte de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, que encabezaba Venustiano Carranza y el que operaba en Sonora con el general Álvaro Obregón a la cabeza. 

El primero tenía más valor político que militar, no dejaba de ser una seria preocupación para el centro, por los avances que habían logrado. 

Huerta envió a combatirlos al general Maas, hijo, para que de Saltillo avanzase a Monclova, que en ese entonces era el cuartel de Carranza y también envió al joven brigadier Guillermo Rubio Navarrete, para que de Monterrey avanzara sobre Matamoros, Tamaulipas. 

En Coahuila se estaba combatiendo desde marzo de 1913 y los federales fortalecían cada vez más el número de sus soldados. El 26 de junio, los federales se enteraron que los carrancistas se preparaban para tomar Nuevo Laredo, ya que Jesús Carranza agrupaba en Candela efectivos provenientes de Piedras Negras, Monclova y Cuatrociénegas. 

El general Rubio Navarrete salió a hacerles frente desde Monterrey con 450 infantes, 320 jinetes 140 artilleros con 9 piezas de artillería y 4 ametralladoras. 

El 1 de julio, Rubio Navarrete estaba seguro que en Candela estaba una columna de 30 hombres, divididos en tres fracciones a mando del coronel Jesús Carranza, con avanzadas en Valladares y Bustamante. 

El ataque federal se inició la madrugada del 2 de julio sobre Candela, con una columna de las tres armas, teniendo al frente a Rubio Navarrete y José Alessio Robles, pronto se escuchó el rugir de los cañones federales, coreando el traqueteo de las cóconas, como le decían los constitucionalistas a las ametralladoras, arma de la que carecían. 

Jesús Carranza se da cuenta de lo inútil que era resistir y decide dar tiempo a la población de salir del pueblo para evitar las vejaciones y la muerte, ya que Candela era considerada como una de las poblaciones entusiastamente partidaria de la revolución constitucionalista. 

Mientras la batalla rugía en las afueras de Candela, a las 2 de la tarde las calles de la población habían quedado desiertas. 


(“Las Cosas de Coahuila”, columna periodística de Álvaro Canales).

Zocalo

miércoles, abril 10, 2013

La muerte de Emiliano Zapata


La mañana del 10 de abril de 1919, Zapata llegó con sus fuerzas y se dedicó a rondar la hacienda. No se animaba a entrar: algo no le gustaba. Envió a su lugarteniente, Feliciano Palacios, quien dedicó un buen rato a conferenciar con Guajardo en el interior de la hacienda...

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martes, febrero 12, 2013

Entrevista al Profr. Pedro Tijerina Ortegon


(ruta2010 23 de Mayo 2010)

¿CÓMO SE VIVÍA EN CANDELA ANTES DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA?
En candela, las familias sufrían como en todo el país pobreza y abuso por parte de los caciques o amos de las casas grandes. Pero al ruido de la revolución se formó un grupo Antirreleccionista en Candela ante la petición previa a por parte de Don Francisco I Madero, en este club participaron un grupo de 47 candelenses decididos en la revolución maderista. Entre ellos mis suegros y se reunieron en Saltillo, Coahuila en una casa situada en el centro de esta ciudad a dos cuadras del actual museo de las aves, para firmar este club que se llamó “Ignacio Zaragoza Seguí”, héroe de 1867. Del cual tengo la fotografía.


Club “Ignacio Zaragoza Seguí”

¿CÓMO SE DIERÓN LOS ENFRENTAMIENTOS REVOLUCIONARIOS EN ESTE MUNICIPIO?
Don Jesús Carranza llegó con un grupo de amigos a visitar Candela donde tenía buenos amigos y donde toda la población era Carrancista, pero el Gral. Guillermo Rubio Navarrete, encargado de la tropas Federales en Monterrey, principal artillero de los pelones llegaron con sus simpatizantes a Lampazos donde se entera que Carranza estaba en Candela y une muchos hombres, cañones y llegan en la noche a la estación de ferrocarril de Candela y otro día temprano a Candela donde ataca con gran Armamento el día dos de julio de 1913, para entonces alguien había avisado en candela de estas pretensiones y la gente huye para la mesa de catujanos y don Jesús y su gente también huye para Frontera Coahuila en los trenecitos de vía angosta del ferrocarril de la Mina de Pánuco ubicada en el ejido Huizachal municipio de Candela. De allí don Jesús se va a Buscar a su Hermano Venustiano a Piedras Negras donde se ubicaba.


¿CÓMO FUE LA SITUACIÓN DE CANDELA DESPUES DE LA RETIRADA DE LOS CARRANCISTAS Y EL SOMETIMIENTO PERMANENTE DE LOS FEDERALES EN CANDELA?
Los federales se establecieron en su cuartel esquina de la plaza principal y estaban en todo el municipio vigilando algún acercamiento de los Carrancistas. Las familias se componían casi siempre de mujeres y niños y algunas personas mayores o con discapacidad. Todos los hombres jóvenes andaban en la bola en otras partes. Había miedo a una lucha o represión por parte de los pelones. Porque aquí, venir Carranza a Candela era como venir a su casa, aquí hasta los perros ladran “viva Carranza”.


¿CUÁL FUE LA BATALLA MAS SIGNIFICANTE EN CANDELA?
El día 08 de julio cuando estaban más confiados los pelones y los habitantes de Candela ya sabían que llegaría los Carrancistas encabezados por Don Venustiano y don Jesús Carranza, estos se fueron a la mesa de catujanos con sus familias. Mientras que un joven artillero de Candela que deseaba unirse a la revolución es enviado por la acequia de la localidad con una bomba hechiza la que lanzó desde lo alto de la iglesia a las 6.00 a.m con los cañones creados en piedras negras hacia el cuartel de los soldados que estaba a un costado de la iglesia. La batalla duró 7 horas consecutivas donde murieron muchos pelones, algunos fueron prisioneros, otros huyeron y además los carrancistas se hicieron de mucho parque, cañones y armas de los pelones en esa batalla en Candela. Esa batalla fue una gran victoria que todos festejaron, después de hacer una valla de muertos y enterrarlos en un gran pozo a un lado de la plaza. Se grito “A Candela le llovió Candela” y es el inicio triunfal de la Revolución Carrancista.

¿CÓMO FUE LA VIDA DE CANDELA DESPUÉS DE LA REVOLUCIÓN?
La situación de las familias cambio, luego vino el reparto agrario y se veía menos abusos, y se comprendió que lo que causo muerte, miedo y desolación a muchos serviría de un nuevo respiro social para todos.
Y fue como dijo don Jesús Carranza al padre del entrevistado “Tijerina, si gana la Revolución otra será tu camisa”.
ruta2010

lunes, enero 28, 2013

El último "Dorado de Villa" vive de recuerdos

No tiene para comer

Asegura que ha tratado de llamar al presidente municipal y este le dice que ya no lo ayudará, y le cuelgan


REDACCIÓN

Durante 45 años, el municipio de Ecatepec, en el Estado de México, ha sido trinchera del último sobreviviente de la legendaria División del Norte, sin embargo, ahora don Guillermo Flores Reyes, ha quedado desamparado y olvidado por las autoridades.
Su vida y su historia al lado del “Centauro del Norte”, Pancho Villa, sólo las guardaba en sus recuerdos, sin embargo en el mes de noviembre del 2009, el Gobierno Municipal, dio a conocer a don Guillermo como un veterano revolucionario, que en esa fecha tenía 111 años de edad y quien conformó el selecto grupo villista de “Los Dorados”.
Lo nombran “Ciudadano Distinguido”
En ese mes y con motivo de la conmemoración del 99 Aniversario de la Revolución Mexicana, el entonces presidente municipal, Eruviel Ávila Villegas , ahora Gobernador del Estado de México, lo nombró “Ciudadano Distinguido de Ecatepec” que le daría como privilegio tener una pensión vitalicia de mil pesos cada mes, para solventar sus gastos y atender sus necesidades de salud.
Sin embargo, el anciano señaló, en entrevista, que ese beneficio que le fue entregado sin falta durante más de tres años, y desapareció con la nueva administración del alcalde Pablo Bedolla.
“Yo trato de llamar al presidente, Pablo Bedolla, y decirles que me ayuden, y me dicen que ya no, que ahí ya no manda nadie de a quién yo conocí y me cuelgan,” dijo Flores Reyes.
“A mí me sirve mucho eso (el dinero), porque mientras siga vivo quiero estar bien, no de achacoso, y pagar mi medicamento y mis alimentos,” agregó el “Dorado de Villa”.
Actualmente este veterano de la Revolución, tiene 114 años de edad y vive en un pequeño cuarto en la casa de su nieta en la colonia Tolotzin II, sobrevive con el poco dinero que le otorgan a través de un seguro por parte de la Secretaría de la Defensa Nacional, el cual apenas le alcanza para cubrir sus necesidades básicas.
Don Guillermo Flores Reyes nació el 25 de junio de 1898, en Manalisco Jalisco, según los registros de la SEDENA a los 15 años de edad se integró como escolta del General Francisco Villa, logrando así participar en legendarias batallas como la de Columbus, Nuevo México y la toma de Zacatecas, pero para el anciano ex militar, la gloria que vivió sólo queda en el recuerdo.

jueves, febrero 10, 2011

Jesús María Guajardo Martínez



Jesús Guajardo 1892 - 1920

General Jesús María Guajardo Martínez fue un militar mexicano que participó en la Revolución Mexicana. Nació en Candela, Coahuila, México el 29 de agosto de 1892. Hijo de José Juan Guajardo Tijerina y María Martínez Barreda. En 1913 se unió a las fuerzas del General Pablo González de la Garza ante la usurpación de la presidencia de Victoriano Huerta.Jesús M. Guajardo se hizo célebre porque, valiéndose de un ardid, mató en 1919 al General del Ejército Libertador del Sur, el Gral. Emiliano Zapata, lo que le valió que lo ascendieran a General, por orden del mismo Venustiano Carranza. El 2 de julio de 1920 se rebeló en la región de La Laguna contra Adolfo de la Huerta, no como carrancista, pues también luchó contra Venustiano Carranza al lado del General Álvaro Obregón en mayo de ese mismo año; lo hizo en todo caso como Gonzalista, ante esta acción fue aprehendido poco después en Monterrey y por ende fusilado en 1920.
Fuente: Wikipedia

  
“El asesino Guajardo por traición, mató a Zapata;
y a él, que fue de pico pardo, también por ley se le mata.
Por llegar a general fue de traición en traición,
a todos causando mal y afrentando a la Nación…”

Corrido de Jesús Guajardo
Jesús María Guajardo Martínez nació en Candela, Coahuila, México, en el año de 1892. Fue hijo de José Juan Guajardo Tijerina y María Martínez Barreda. Su abuelo había dado muerte a traición a un famoso bandido apellidado Villegas “El Endiablado”, cuyas hazañas se consignaban en los anales del bandolerismo de la época porfirista. En 1913, tras los sucesos de la Decena Trágica y el asesinato del presidente Francisco I. Madero, Guajardo se unió a las fuerzas del general Pablo González ante la usurpación de la presidencia por parte de Victoriano Huerta. Era un soldado que, poco a poco, fue ascendiendo hasta obtener el grado de Coronel.
El coronel Jesús Guajardo

  

Tras la caída de Victoriano Huerta, Venustiano Carranza fue electo como Presidente de México. Sin embargo, Francisco Villa en el norte del país y Emiliano Zapata en el sur, seguían alzados en pie de guerra. Villa y Zapata se oponían a Carranza, por lo que el Ejército Federal los combatía. Al mando de las fuerzas de Carranza estaba Álvaro Obregón, quien jamás perdió una batalla.
Emiliano Zapata: "El Caudillo del Sur"

  
Hacia 1919, Zapata se había replegado. Vivía a salto de mata en el Estado de Morelos, perseguido, sin pertrechos y sin parque. Desesperado, intentó acercarse a algunos oficiales federales. Entre Pablo González y Jesús Guajardo hubo muchas desavenencias. Estos rumores llegaron al campamento de los zapatistas. Zapata siempre tuvo miedo a ser traicionado, pero tenía que confiar en alguien. Le escribió entonces una carta a Guajardo, donde lo invitaba a unirse a sus fuerzas y luchar juntos. Pero la carta fue interceptada por Pablo González. Guajardo, decidido a demostrarle su lealtad, se puso de acuerdo con González para tenderle una trampa a Zapata.

El general Pablo González

Le contestó afirmativamente, poniéndose a sus órdenes y enviándole como obsequio unas pistolas con cachas de oro. Zapata, sin embargo, desconfiaba. Como prueba de lealtad, le pidió que fusilara a varios militares de menor rango, los cuáles formaban parte del batallón a las órdenes de Guajardo. Esos militares habían cometido saqueos, violaciones y asesinatos contra los zapatistas en el transcurso de la Revolución. Sobre todo destacaba uno: Victoriano Bárcenas. Guajardo no lo dudó: durante día y noche, se dedicó a fusilar a docenas de sus propios soldados para ganarse la confianza de Zapata. En una carta que le escribió a Pablo González, Guajardo afirmaba:

“Esta operación nos ha costado muy cara. Ya he fusilado a cincuenta y nueve de mis hombres para ganarme la confianza de Zapata. Espero que se la trague”.
       
Zapata aceptó entonces entrevistarse con Guajardo. En ese encuentro, Guajardo le regaló un caballo alazán, llamado “El As de Oros”. Mientras bebían tequila, Guajardo le pidió que pusiera una fecha para que él se incorporara, con sus hombres, a las fuerzas zapatistas. Como Zapata se mostraba aún receloso, Guajardo le dijo que además quería darle todo el parque del que disponía: doce mil cartuchos, que las fuerzas zapatistas necesitaban desesperadamente. Lo llamaba “mi General”, intentando así ganarse más fácilmente su confianza. Guajardo propuso que se vieran en la Hacienda de Chinameca. Zapata no estaba muy convencido: ocho años antes, las fuerzas de Porfirio Díaz le habían tendido una celada en ese mismo lugar y había escapado de milagro. “A Chinameca le tengo ojeriza”, afirmó. Pero su necesidad era grande y terminó por aceptar.
La Hacienda de Chinameca
  
La mañana del 10 de abril de 1919, Zapata llegó con sus fuerzas y se dedicó a rondar la hacienda. No se animaba a entrar: algo no le gustaba. Envió a su lugarteniente, Feliciano Palacios, quien dedicó un buen rato a conferenciar con Guajardo en el interior de la hacienda. Guajardo le envió mensajes en repetidas ocasiones a Zapata, invitándolo a comer. Finalmente, hacia las 13:30 horas, decidió entrar, aunque algunos de sus hombres le pidieron que no lo hiciera. A las 14:10 horas, acompañado solamente del mayor Reyes Avilés y de diez de sus hombres, montó su caballo y se dirigió a la puerta de la hacienda, en una de cuyas piezas seguía Feliciano Palacios. Al aproximarse Zapata a la hacienda, una banda de guerra formada en ambos lados tocó llamada de honor: un clarín sonó tres veces. Como los soldados presentaban armas al pasar Zapata, el primero en disparar fue el centinela y a continuación siguieron las descargas que otros hicieron en su contra.
El asesinato de Zapata (ilustración de José Guadalupe Posada)
     
Zapata quiso sacar la pistola en los últimos momentos que le quedaban de vida y, tratando de dar media vuelta, el caballo arrojó su cuerpo al suelo. Aún intentó, bañado en sangre, tomar su pistola, pero un soldado lo remató estando Zapata boca abajo. Murió como vivió: abrazado a la tierra. A su lado quedó su fiel asistente Agustín Cortés, y dentro de las habitaciones de la hacienda quedó Feliciano Palacios, asesinado en el momento en que caía Zapata. Las descargas de fusilería se convirtieron en mortífero fuego general contra los zapatistas, desde los puestos en que los federales se encontraban apostados. Bajo el cerrado fuego de fusilería, ametralladoras y bombas que simultáneamente estallaban, las despavoridas fuerzas zapatistas huían sin saber lo que había pasado y tratando de ponerse a salvo del furioso ataque del que eran víctimas. Una vez fuera del alcance de los proyectiles, comenzaron a reunirse para conocer las causas del ataque. Los mismos que iban atrás de Zapata informaron la funesta noticia de la muerte de su jefe. El parte oficial de Guajardo dijo que quedaron muertos Emiliano Zapata, Zeferino Ortega y otros generales zapatistas, “habiendo causado bajas, entre muertos y heridos, como treinta hombres, que no fue posible identificar”. Guajardo aseguró que él personalmente hizo fuego en contra de Palacios, Bastida y Castrejón, a los que mató en el acto. Posteriormente, se comprobó que ni Zeferino Ortega ni Gil Muñoz fueron sacrificados en aquella ocasión. Guajardo también dijo que Zapata había “muerto en combate” y esa versión se manejó en los periódicos de la época. Se procedió a levantar los cadáveres y se dispuso que se persiguiera al enemigo por todos los rumbos hasta dispersarlo completamente, causando gran número de bajas entre los zapatistas.

Con el objeto de conducir el cadáver de Zapata, se tocó botasilla y media hora más tarde, a las 16:00 horas, Guajardo salió de la Hacienda de Chinameca con la fuerza a su mando, rumbo a Cuautla, donde llegó a las 21:10 horas, haciendo entrega del cadáver al general Pablo González. El cuerpo de Zapata lo llevaban amarrado al lomo de una mula y cuando llegaron a las puertas de Cuautla, adelantándose Guajardo a donde estaba Pablo González, le informó: “Mi general, sus órdenes han sido cumplidas”.
El cadáver de Emiliano Zapata expuesto en Cuautla
    
Los despojos de Emiliano Zapata fueron llevados a los bajos de la Presidencia Municipal de Cuautla. Para identificar el cadáver, se hizo traer a Eusebio Jáuregui, que había sido jefe del Estado Mayor de Zapata, quien declaró ante el notario Ruiz Sandoval que, efectivamente, se trataba del “Atila del Sur”, como lo llamaban los periódicos de la Ciudad de México. Se le practicó la autopsia y se comprobó que solamente había ingerido líquidos. El cuerpo presentaba siete perforaciones correspondientes a siete tiros que le causaron la muerte. El cadáver no presentaba ninguna herida en el rostro. Al cuerpo le fue cambiada la ropa: se le quitó el traje de charro que llevaba y se le puso ropa limpia. El cadáver de Emiliano Zapata fue expuesto al público, colocándosele sobre una caja en la inspección de policía: allí empezaron a acudir centenares de curiosos y vecinos del lugar. Para evitar la descomposición del cadáver se ordenó que un médico apellidado Loera y varios practicantes lo inyectaran, realizado lo cual se ordenó que fuera puesto en exhibición. Todos los curiosos que acudieron a ver el cadáver de Zapata, lo primero que le buscaban era un lunar que tenía arriba de un ojo.
    
De inmediato, los rumores comenzaron: mucha gente dijo que el cuerpo no era el de Zapata, pues la faltaba una verruga en la cara; otros dijeron que tampoco tenía una marca en un dedo de la mano. Unos más afirmaban que el muerto era Jesús Delgado, compadre de Zapata, a quien este habría enviado en su lugar previendo la traición. Las leyendas llevaron a Zapata hasta el Lejano Oriente, donde un compadre árabe le habría ofrecido protección; según esa leyenda, Zapata se había embarcado en Acapulco para huir a Arabia. Otros más aseguraban que en las noches de luna, se le podía ver cabalgando cerca de Anenecuilco, el sitio de su nacimiento. También allí ubicaban, décadas después, a un anciano encerrado en una casa, que aseguraban era Zapata. Un corrido escrito en esos días da una idea de esta situación:

“Su cuerpo al fin sepultaron llenos de júbilo y gozo
y muchos, muchos lloraron por sus culpas y reposo.
Pero su alma persevera en su ideal libertador
y su horrible calavera anda en penas, ¡oh terror!
Por las orillas de Cuautla flota una horrible bandera,
que empuña la calavera del aguerrido Zapata.
Tal constancia a todos pasma; de la noche en las negruras,
se ve vagar su fantasma por los montes y llanuras.
Se oyen sonar sus espuelas, sus horribles maldiciones
y, rechinando las muelas, cree llevar grandes legiones.
Extiende la yerta mano y su vista se dilata...
¡Recorre el campo suriano el espectro de Zapata!”

Calavera de Zapata (ilustración de José Guadalupe Posada)
      

El general Pablo González envió a la Ciudad de México al coronel Miguel Cid Ricoy, para que comunicara los hechos al presidente Venustiano Carranza. Inmediatamente se dio el boletín a la prensa. La noticia produjo verdaderas peregrinaciones rumbo a Cuautla con el objeto de ver el cadáver de Zapata. Se especuló en la Ciudad de México que el cuerpo iba a ser trasladado a la capital del país, pero no fue así. En la prensa nacional se dieron algunos datos sobre Guajardo, diciendo que se había incorporado a las fuerzas revolucionarias el año de 1913, que había empezado su carrera como soldado raso y que sus ascensos se debían a su singular valor. De pronto, Guajardo era un héroe: aseguraron que en Saltillo, Puebla, Guerrero y el Estado de México tuvo participación en importantes combates y que siguió a la Revolución en todo su formidable avance desde el norte.

Los titulares de la época sobre la muerte de Zapata

    
Se afirmó que Zapata seria sepultado el lunes siguiente en Tlaltizapán, en un mausoleo construido por el propio Zapata para que guardara los restos de los firmantes del Plan de Ayala, mediante el cual Zapata había exigido "Tierra y Libertad". El mausoleo era una sencilla tumba con numerosas gavetas, en las cuales podía verse el nombre de cada uno de los firmantes; allí reposaban ya los restos de Otilio Montaño, Eufemio Zapata y algunos otros zapatistas.
El funeral de “El Caudillo del Sur”
  
  
Se aseguró que en ese lugar debían quedar los restos de Emiliano Zapata. También que con la muerte de Emiliano Zapata quedaba desaparecido el zapatismo, y que muy pronto se restablecería la paz, pues ya quedaban muy pocas gavillas con las armas en la mano.
Las tumbas de Zapata, desde 1919 hasta la actualidad
  
     
Pero, contrario a lo que se esperaba, al paso del tiempo su figura fue retomada por pintores y escritores, su historia idealizada e integrada al panteón de la Revolución Mexicana, y su nombre utilizado para bautizar cualquier organización campesina. Zapata fue el autor de la famosa frase “Prefiero morir de pie que vivir de rodillas”. Dolores Ibárruri "La Pasionaria" la popularizó, al lado de varias frases de Esquilo, en sus discursos durante la guerra civil española.
    
Tras el asesinato, Venustiano Carranza le concedió al traidor Jesús Guajardo el grado de General. Pero esa no sería la última vez que Guajardo demostraría su verdadera naturaleza. Cuando el invicto general Álvaro Obregón, seguido por la mayoría de los generales y de muchos gobernadores, dio un cuartelazo y proclamó el Plan de Agua Prieta, Venustiano Carranza tuvo que huir. A medida que Carranza huía hacia Veracruz, acompañado de su Estado Mayor, el tren en que se trasladaba era asediado por las tropas leales a Obregón.

Venustiano Carranza

Y fue precisamente Jesús Guajardo, a quien Carranza había ascendido a General por traicionar a Zapata, quien ahora traicionaría a Carranza, lanzando una “máquina loca” (una locomotora sin gente, cargada de explosivos, que se estrelló contra uno de los trenes presidenciales y destruyó las vías férreas. Gracias a ello, Carranza tuvo que abandonar el convoy, huir a pie a través de la sierra de Puebla y llegar al poblado de Tlaxcalantongo, para finalmente ser asesinado también a traición a manos de Rodolfo Herrero. El corrido que se le escribió a Guajardo da cuenta de esta situación:

“Más hasta en eso se ve que su conciencia era poca,
pues él fue quien puso en pie lo de la máquina loca…”

El general Jesús Guajardo, tras Chinameca y Tlaxcalantongo

El último capítulo en la historia de traiciones de Jesús Guajardo ocurrió apenas dos meses después, el 2 de julio de 1920: se rebeló en la región de La Laguna contra el nuevo presidente interino, Adolfo de la Huerta.
Adolfo de la Huerta, Presidente Interino de México tras el asesinato de Carranza

Ante esta acción, el presidente De la Huerta, quien había instaurado una política de reconciliación, decidió mostrar su mano dura: Jesús Guajardo fue aprehendido poco después en Monterrey y sometido a un Consejo de Guerra. El hombre que traicionó y asesinó a Zapata, y que además contribuyó a la muerte de Carranza, no tuvo éxito en su tercera traición.
Representación de Guajardo en la película Zapata

    
Hallado culpable, Jesús Guajardo fue fusilado en Monterrey, Nuevo León. Su nombre, desde entonces, se convirtió en sinónimo de traición. El corrido de Guajardo sentencia:

“Dura es la Ley, pero es Ley que no perdona al osado;
y el caso de Monterrey está bien patentizado.
Guajardo bajó a la tumba y con él irá González;
¡Que así la maldad sucumba! ¡Que así acaben los desleales!”

Bibliografía:

     
  

Filmografía: